Postales para el trovador: M. Carme Marí

El cartero ha venido a la hora de comer, vestido de paisano. Una postal ha llegado casi  a la hora de cerrar, nos dice, pero cómo no la iba a traer. Me he emocionado tanto por su gesto que le he pedido matrimonio allí mismo.

Cantar de un juglar zaragozano
El trovador languidece

en una celda de la torre

mientras Leonor padece

un creciente mal de amores.

Ni el teatro ni los bufones

le devuelven la sonrisa,

y su vida entre algodones

aborrece a toda prisa.

Una morisca avispada

piensa en hacer fortuna

le propone una jugada

para escapar bajo la luna.

Prende fuego a un arambel,

la ventana escupe llamas

y asustados, en tropel,

salen presurosos los guardas.

La confusión aprovecha,

sube a la torre la dama,

la morisca al preso libera,

huyen ambos a la aljama.

Mañana partirán lejos

donde no sean conocidos,

o ese sería mi consejo.

El amor nunca se da por vencido. 

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